Los signos más distintivos de las rayas son las aletas y la zona dorsoventral del cuerpo y su cola larga, delgada y similar a los látigos, con afiladas y aserradas lengüetas.
Los huevos que ponen las hembras de raya son unas cápsulas con unas prolongaciones para fijarlos a a las algas y corales, que reciben el nombre de «monederos de sirena».
Por la forma y color de los huevos se puede identificar la especie de raya que se trata.
Hay 19 especies de rayas, siendo las mas apreciadas y conocidas la raya mosaico, la raya pintada, la raya de clavos y la raya santiaguesa.
El 40% de las capturas que se efectúan en el Cantábrico corresponde a la raya de clavos, que es la más abundante. Sin embargo, el 33% de las rayas se encuentran actualmente en peligro o amenazadas.
Tienen una esperanza de vida de 20 años y pueden medir 115 cm de longuitud. Habitan en fondos de arena fina, arena gruesa o cascajo, a unas profundidades entre 50 y 200 metros.
Durante los meses de invierno la raya está en su mejor momento de consumo.
La raya del Cantábrico está en su mejor momento durante los meses de invierno, de noviembre a febrero, cuando las aguas frías del Cantábrico favorecen su textura y sabor. Es una de las especies más representativas de la flota artesanal asturiana y una presencia habitual en la Lonja de Gijón durante esa época del año.
La parte más apreciada de la raya es la carne de sus aletas, blanca, firme y de sabor suave. Es una especie muy versátil en cocina: admite preparaciones a la plancha, al horno, en salsa verde o estofada con pimentón. Su bajo contenido en grasa la convierte en una opción saludable y nutritiva dentro de la dieta mediterránea.