Su seña de identidad más distintivas y llamativa es una franja dorada que atraviesa su cabeza entre los ojos, que se vuelve más intensa con la edad.
Su cabeza es compacta, grande en relación al cuerpo, con una frente arqueada y ojos relativamente pequeños.
Sus labios gruesos y su mandíbula fuerte están adaptados para triturar moluscos y crustáceos, que son la base de su alimentación. También incluye en su dieta pequeños peces, algas y algunas plantas marinas.
Curiosidad...
Los romanos comenzaron a cultivar doradas en sistemas cerrados de jaulas o estanques para asegurar un suministro constante de este pescado, una práctica que se considera precursora de la acuicultura moderna.
La dorada no aporta grasas trans, sino que tiene un contenido de grasa saludable como es el ácido graso Omega 3.
Al ser un pescado blanco o semigraso, la dorada tiene un bajo contenido calórico,