Cada verano, la flota del Cantábrico se prepara para la campaña más esperada del año. Detrás de cada pieza que llega a la Lonja de Gijón hay siglos de oficio, madrugones y dos técnicas tradicionales que conviene conocer: la cacea y el tanqueo.
Ambas son artes de anzuelo profundamente selectivas y, aunque funcionan de forma distinta, comparten una misma idea: en la pesca del bonito cada ejemplar se captura de uno en uno. Te contamos cómo trabajan nuestros barcos, desde que salen del puerto hasta que el pescado llega a la subasta

La costera del bonito, el gran acontecimiento del verano
La costera del bonito se desarrolla, aproximadamente, entre junio y octubre. Durante esos meses, el bonito del norte se acerca a las aguas del Cantábrico siguiendo los bancos de peces de los que se alimenta, y la actividad en el puerto y en la lonja se multiplica.
Es, con diferencia, la campaña más importante del verano para la flota. Además, marca el ritmo de toda la cadena: barcos, rederos, compradores, pescaderías y conserveras trabajan durante semanas en torno a esta especie.
A diferencia de otras pesquerías, aquí no se emplean grandes redes. Los barcos que participan en la costera utilizan exclusivamente artes de anzuelo, y esa es precisamente la clave de su sostenibilidad.

Antes de pescar: cómo se localiza el banco
Antes de lanzar un solo anzuelo hay que encontrar el pescado, y esa búsqueda es una parte esencial del oficio. Los barcos pueden pasar horas navegando en busca de señales.
La más fiable sigue siendo la naturaleza: las aves marinas. Cuando las gaviotas se concentran y se lanzan en picado sobre un punto concreto, casi siempre significa que hay un banco de peces pequeños empujado hacia la superficie… y, debajo, depredadores como el bonito.
A esa observación se suman la experiencia del patrón, los cambios de color y temperatura del agua y, por supuesto, la tecnología de a bordo: sonda y radar ayudan a confirmar el hallazgo. Solo entonces comienza de verdad la pesca del bonito.
La cacea: pescar al ritmo del barco
La cacea, también conocida como curricán, es el arte con el que suele comenzar la campaña. El barco navega lentamente mientras arrastra varias líneas de anzuelo provistas de señuelos que imitan a un pez pequeño.
Esas líneas se despliegan desde unos largos palos laterales llamados tangones, que abren la pesca a ambos lados de la embarcación y evitan que los aparejos se enreden entre sí. Cuando el bonito ataca el señuelo, la tripulación recoge la línea y sube el ejemplar a bordo, uno por uno.
Es una técnica especialmente útil al principio de la costera, cuando los bancos están más dispersos y el pescado se mueve a mayor profundidad. Además, permite cubrir mucha superficie mientras el barco avanza, lo que la convierte en una forma eficaz de localizar dónde se concentra el pescado.

El tanqueo: el arte del cebo vivo
El tanqueo es, probablemente, la técnica más espectacular de la costera, y toma su nombre de los tanques de agua que los barcos llevan a bordo. En ellos se transporta cebo vivo —normalmente pequeños peces como el bocarte— que se mantiene en perfectas condiciones gracias a un sistema constante de renovación y oxigenación del agua.

Cuando la tripulación localiza un banco de bonito, lanza al mar puñados de ese cebo vivo. El objetivo es provocar que los peces suban a la superficie y entren en plena actividad de alimentación. En ese momento, los pescadores se sitúan en la borda con largas cañas y capturan las piezas una a una, a un ritmo trepidante.

Esas cañas, que se guardan en vertical cuando el barco está en puerto, son una de las imágenes más reconocibles de los atuneros del Cantábrico.

Cacea o tanqueo: ¿en qué se diferencian?
Ambas técnicas conviven durante la campaña y muchos barcos alternan entre una y otra según las condiciones. Estas son sus diferencias principales:
| Cacea | Tanqueo | |
|---|---|---|
| Cómo pesca | Señuelos artificiales arrastrados | Cebo vivo lanzado al mar |
| El barco | En marcha | Prácticamente detenido |
| Aparejo | Líneas desde los tangones | Cañas manejadas a mano |
| Cuándo | Bancos dispersos o profundos | Bancos localizados en superficie |
| Ritmo | Constante y pausado | Muy intenso, por rachas |
Dos artes, una misma filosofía: la selectividad
Aunque la cacea y el tanqueo son técnicas distintas, comparten un principio fundamental: se pesca pieza a pieza. Por eso, estos artes de pesca del bonito son de los más selectivos que existen.
- No se emplean redes de arrastre ni se altera el fondo marino.
- Las capturas accidentales de otras especies son mínimas.
- Se respetan las tallas mínimas y los periodos de veda.
- Cada ejemplar puede trazarse hasta la embarcación y la jornada de captura.
Esta forma de trabajar, estudiada por organismos científicos como el Instituto Español de Oceanografía, explica en buena medida por qué el bonito del Cantábrico goza de tan buena reputación dentro y fuera de nuestras fronteras.
Por qué la captura uno a uno mejora la calidad
La selectividad no es solo una cuestión ambiental: también se nota en el plato. En la pesca del bonito con anzuelo, cada pieza sube a bordo individualmente y no sufre la presión ni los golpes que se producen dentro de una red repleta de pescado.
El resultado es una carne más firme, sin hematomas y con mejor presentación. A ello se suma un enfriado inmediato: en cuanto el ejemplar está a bordo, se refrigera para frenar el deterioro y preservar todas sus cualidades.
Por eso, el bonito capturado con estas artes alcanza sistemáticamente los precios más altos en subasta y es el preferido por las mejores conserveras.
Del mar a la Lonja de Gijón
Al llegar a puerto, el bonito se descarga, se clasifica por tamaños y se coloca en cajas con hielo. La rapidez en esta fase es determinante para que el producto conserve su frescura.

Ya en la Lonja, el pescado se vende mediante el sistema de subasta a la baja, un método ágil y transparente que fija el precio en cuestión de segundos ante los compradores. Desde ahí, el bonito parte hacia pescaderías, restaurantes y conserveras con su trazabilidad completa garantizada.

Un producto de temporada que merece la espera
Conocer cómo se pesca el bonito ayuda a entender su valor. Detrás de cada pieza hay una flota que mantiene vivas unas técnicas transmitidas de generación en generación, y un compromiso con un mar del que dependen muchas familias.
Por eso, cuando llega el verano y el bonito del norte aparece en el mostrador, merece la pena recordar que no es un pescado más: es el resultado de una de las pesquerías más responsables y artesanales que existen.





